"Nunca es triste la verdad
lo que no tiene es remedio"
Nadie, en su sano juicio, podría atreverse a considerar a la verdad como una enfermedad. Aquello suena más propio de la mentira: distorsiona, enceguece, envilece, envenena, mata. Pero, como suele ocurrir con las curas y antídotos, su valor sanatorio tiene mucho que ver con la medida, la moderación, la dosis. Cualquier exceso puede ser mortal.
Hoy, me declaro enfermo de verdad, contagiado de verdad, intoxicado de verdad, moribundo de verdad. No está permitido engañarse: si la verdad es el remedio de la mentira, ¿cuál es el antídoto de la verdad?. Seamos sinceros: no lo hay... la veracidad es una enfermedad terminal y, lo que es peor, compuesta... siempre va seguida de un profundo estado de tristeza...
A decir verdad, sólo podemos rogar que nos reste un último aliento antes de pasar al siguiente estadio: la resignación. Luego de ello, sólo cabe consultar la causa de muerte.
(Epígrafe extraído de la canción "Sinceramente tuyo" de Joan Manuel Serrat)